Anoche soñé con el rostro de Jesús,
su piel era suave y oscura, como el
bello anochecer con su alma blanca
y limpia,como la blanca luna llena
y las aguas cristalinas de los más
hermosos manantiales y su sangre
era tan roja como la mía.
Le tomaba lentamente sus cálidas
manos y le decía:Jesús enséñame
a vivir como tu y muéstrame el
camino correcto,hasta encontrar
la luz de felicidad y libertad,
para poder amar y caminar en
medio de la humanidad y la triste
realidad,sin tener que tropezar
ante las advercidades del mundo,
él me respondió:yo soy el espíritu
de paz y amor con la verdad de la
vida y quien te protegerá frente a
las tinieblas de maldad y estaré
contigo en la tierra y por una
eternidad más allá del sol y las
estrellas,donde se mece la infinita
gloria de Dios en su maravillosa
inmensidad.